
La desparasitación es una parte esencial de la medicina preventiva en perros y gatos. Los parásitos externos, como pulgas, garrapatas o ácaros, pueden provocar picor intenso, dermatitis, infecciones cutáneas e incluso transmitir enfermedades graves. Los parásitos internos, como nematodos o cestodos, también pueden afectar al estado general del animal, causando problemas digestivos, pérdida de peso o anemia. En muchos casos, las infestaciones pasan desapercibidas hasta que el cuadro clínico ya es evidente. Mantener un calendario de desparasitación adaptado a la edad, estilo de vida y entorno de cada mascota reduce de forma significativa estos riesgos. Además, algunas parasitosis son zoonósicas y pueden afectar también a las personas. La prevención periódica protege la salud del animal, mejora su bienestar y evita complicaciones futuras. Un control veterinario regular permite elegir el protocolo más adecuado en cada caso. Desparasitar no es solo tratar cuando hay problemas: es anticiparse a ellos.

Y este es SIL despúes de su tratamiento.
